El hidrógeno está consolidándose como un vector energético clave en la descarbonización industrial, especialmente en aplicaciones donde la electrificación directa no resuelve por sí sola las necesidades de proceso, almacenamiento o transporte de energía. Su desarrollo está acelerando por su papel en la futura integración de renovables, la producción de combustibles sintéticos y la reducción de emisiones en sectores intensivos en energía.

En España, ese avance ya se está materializando en inversiones y proyectos de gran escala, lo que multiplica la necesidad de diseñar instalaciones con criterio ATEX desde el origen. Es en ese contexto donde la iluminación pasa a ser un elemento técnico de seguridad y no una decisión secundaria.

El hidrógeno pertenece al Grupo IIC, el nivel más exigente dentro de la clasificación ATEX, por su baja energía de ignición y su comportamiento especialmente volátil. Esa combinación hace que incluso pequeñas fugas puedan traducirse en una atmósfera explosiva si la instalación no está bien concebida. En este contexto, cada decisión de diseño cuenta y debe responder al mismo nivel de exigencia técnica y operativa.

Por qué las plantas de hidrógeno exigen tanto

Hablar de Grupo IIC significa hablar del entorno ATEX más severo para gases. En esta categoría se incluyen sustancias como el acetileno, además del hidrógeno, que requieren equipos diseñados específicamente para evitar que una chispa, una superficie caliente o un fallo de aislamiento se conviertan en una fuente de ignición. Esto es crítico porque los gases contenidos en este grupo tienen energías mínimas de ignición muy bajitas, rangos de concentración de explosividad muy amplios y temperaturas de ignición que van desde los 90ºC del disulfuro de carbono hasta los 560ºC del hidrógeno, pasando por los 305ºC del acetileno.

Toda esta información relativa a cada instalación obliga a controlar con precisión la temperatura superficial de cualquier equipo instalado. En la práctica, esto afecta directamente a la luminaria, pero también a cajas, prensaestopas y accesorios. Un producto válido para otros gases no siempre sirve en hidrógeno, aunque lleve marcado ATEX. Además de su temperatura de ignición y extrema volatilidad, hay que tener en cuenta que el hidrógeno es extremadamente difícil de «contener» en depósitos y fugas, aunque mínimas, siempre están presentes.

Cómo se aplica la zonificación ATEX

La zonificación marca dónde puede aparecer una atmósfera explosiva y con qué frecuencia. En términos sencillos, la Zona 0 es aquella en la que la presencia del gas es continua o muy prolongada; la Zona 1, donde puede aparecer en condiciones normales de operación; y la Zona 2, donde solo lo haría de forma ocasional o anómala.

En una planta de hidrógeno, los electrolizadores, compresores, zonas de almacenamiento y puntos de transferencia no se comportan igual desde el punto de vista ATEX. Eso obliga a adaptar la luminaria al área concreta: no es lo mismo iluminar un perímetro exterior que una zona técnica próxima a un posible punto de fuga. Elegir bien la zona es tan importante como elegir bien el equipo.

Qué debe cumplir una luminaria para hidrógeno

Una luminaria apta para hidrógeno debe estar certificada para IIC, no solo para una categoría ATEX genérica. Además, tiene que incorporar una clase de temperatura coherente con la temperatura de autoignición del gas y con el margen de seguridad exigible en proyecto.

También importa el sistema de protección: soluciones como Ex db, Ex eb o Ex ec pueden ser adecuadas según la zona y el diseño de la instalación. A ello se suma el grado de protección frente a polvo, humedad y lavado, donde IP66 suele ser una referencia sólida en industria y obligatoria para Ex db, por ejemplo. Instalar una luminaria fuera de especificación no solo añade riesgo operativo; también compromete la conformidad legal de la planta.

Errores que conviene evitar

  • Confundir IIA o IIB con IIC. Un equipo válido para otros gases no es automáticamente apto para hidrógeno.
  • Elegir una clase de temperatura insuficiente. Si la temperatura superficial no deja margen de seguridad, el riesgo aumenta de forma innecesaria.
  • Usar luminarias «ATEX» sin verificar el marcado completo. La certificación debe indicar claramente su validez para hidrógeno (IIB+H2 o IIC).
  • Ignorar la realidad de los exteriores. En plantas de hidrógeno, la zonificación también afecta a plataformas, pasillos y áreas próximas a equipos de proceso.

La propuesta de Airfal

Airfal desarrolla soluciones de iluminación ATEX pensadas para entornos industriales exigentes, con opciones válidas para Grupo IIC y protecciones como IP66, orientadas a plantas donde la fiabilidad y la seguridad no se negocian. Su propuesta encaja especialmente bien en proyectos de hidrógeno por su combinación de certificación, robustez y enfoque práctico de instalación y mantenimiento.

Para ingenierías, project managers y responsables de seguridad, esto significa contar con un proveedor que entiende la lógica de planta y no solo la del catálogo.

Si está definiendo un proyecto de hidrógeno verde, vale la pena revisar la zonificación y la selección de luminarias con el equipo técnico de Airfal en el correo clientes@airfal.com o en el teléfono 976 185 809.

IVÁN CID – Líder de Ingeniería e Innovación

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